Desperdicio de alimentos: lo que se pierde es más que comida
La FAO calcula que cerca de un tercio de los alimentos que se producen en el mundo se pierde o se desperdicia. Es una cifra que se repite en conferencias, informes y titulares, y casi siempre provoca el mismo gesto: una mueca y pasar a la siguiente diapositiva.
Yo creo que la cifra engaña un poco. Habla de comida, y la comida es apenas la parte visible.
Lo que viaja con el alimento
Una fruta que se pudre en una bodega se llevó consigo el trabajo de quien la sembró, el agua que la regó, el transporte que la movió y la oportunidad de que alguien se alimentara mejor esa semana. Si solo medimos los kilos, lo demás queda fuera de la cuenta, y lo que no se cuenta no se gestiona.
Por eso prefiero hablar de pérdida de valor. Cambia el tipo de preguntas que nos hacemos:
- ¿En qué punto de la cadena se está perdiendo y por qué ahí?
- ¿Quién asume ese costo y quién ni se entera?
- ¿Qué dimensión del valor se está dañando: la nutricional, la económica, la social, la territorial, la ambiental?
Dónde suele estar el nudo
Casi nunca es un solo eslabón. Es la información que no llega a tiempo, el productor que no sabe a quién venderle hoy, el comprador que no encuentra lo que busca a veinte cuadras. Son problemas de coordinación mucho antes que de escasez.
Y eso es una buena noticia, porque la coordinación se diseña. No hace falta producir más para empezar a mejorar. Hace falta ver mejor lo que ya está ahí, ponerle responsables y medirlo con regularidad.
Es la pregunta con la que trabajo en la Economía Ámbar y en proyectos como MIYITAS. Si tu organización toca alimentos de alguna forma, conversemos.